Quan la casa s’omplia de cops de porta, les parets es queien, els gossos no paraven de bordar, i els plats i els gots es trencaven, l’Ona començava a girar ràpid sobre sí mateixa. Feia una volta, dues, tres… i tancava els ulls mentre notava que es marejava i els peus es separaven del terra. Se sentia tan bé… Es posava una faldilla, donava voltes i voltes sense parar, els peus es posaven de puntetes, suraven vora el terra i acabaven flotant a l’aire i somreia. Volia tocar els núvols amb el cap i jugar amb els ocells. Quan volia allunyar-se de la realitat girava com si fos les hèlixs d’un helicòpter.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
lunes, 21 de noviembre de 2011
En el tren:
La chica no podía articular palabra a causa de la belleza de él. Y él no se dio cuenta que mirándole a los ojos podía contactar con su cerebro. Ella se sentía más cómoda con el silencio que teniendo que seguir conversaciones que no le interesaban un rábano. Él le siguió dando conversación mientras ella afirmaba educadamente hasta que llegó a su destino. Qué curioso, pensaba yo. Al bajar, el chico se fue con sus amigos y se rió de lo mal que lo había pasado y del silencio de la chica y entonces entendí lo inteligente que había sido.
domingo, 6 de noviembre de 2011
jueves, 3 de noviembre de 2011
Les primeres nits del mes. I després diuen que novembre no té res...
Què estimulant que és la nit.
Jo crec que no ens agrada dormir.
Jo crec que ens agrada la nit.
El llit és massa petit.
Segueix-me a l’infinit.
Jo crec que no ens agrada dormir.
Jo crec que ens agrada la nit.
El llit és massa petit.
Segueix-me a l’infinit.
Segueix-me fins a les tres, que és quan esclato. És quan més penso, quan més sento.
No puc deixar els ulls a la meitat. Sóc un mussol. Sortim a ballar que m’entusiasmo.
Inspiro i expiro profund per poder relaxar-me, però no hi ha manera. Com més s’apropa la matinada més ràpid em batega el cor, més calfreds, més crits. Més sensible, més fràgil, més tendre i més boja. No crec que sigui qüestió de por a no despertar o a somiar. És una altra cosa: jo crec que ens crida el mar, que ens exciten les melodies, la solitud i el silenci....
No puc deixar els ulls a la meitat. Sóc un mussol. Sortim a ballar que m’entusiasmo.
Inspiro i expiro profund per poder relaxar-me, però no hi ha manera. Com més s’apropa la matinada més ràpid em batega el cor, més calfreds, més crits. Més sensible, més fràgil, més tendre i més boja. No crec que sigui qüestió de por a no despertar o a somiar. És una altra cosa: jo crec que ens crida el mar, que ens exciten les melodies, la solitud i el silenci....
domingo, 23 de octubre de 2011
He somiat que estava somiant
He somiat amb onades gegants que havíem de travessar.
He somiat que estàvem en una batalla campal.
He somiat que ens matàvem amb petons; que la pluja ens cosia la pell.
He somiat que ens matàvem amb petons; que la pluja ens cosia la pell.
He somiat que ens segrestaven pensaments.
He somiat amb portes que arribaven al cel per resguardar ciutats.
He somiat amb carbasses que mostraven afecte i apropament.
He somiat amb flors de xocolatines rodones i de tots els colors.
He somiat amb flors de xocolatines rodones i de tots els colors.
He somiat que estava dintre del quadre Impresion de Monet.
lunes, 8 de agosto de 2011
Estaba soñando que me quedaba sola. Había hecho algo muy mal y no sabía qué era. Toda la gente a la que quería me rechazaba y acababa encerrada en un lugar desconocido. Me desperté de golpe por la angustia y la ansiedad, me quité la baba y las legañas, giré la cabeza hacia el otro lado de la cama, y allí estaba él, con la boca entreabierta y respirando profundamente. Me apoyé en su pecho e intenté poner su brazo rodeándome la espalda sin que se despertara, pero no lo conseguí y me abrazó con fuerza.
lunes, 4 de julio de 2011
Una mañana peliculera
El día de hoy se presentaba como un triste día gris y con muchos noes. De esos en que maldices a la lluvia por no avisarte de que cojas un paraguas y por hacerte llorar.
He salido de la universidad con una buenísima noticia y he decidido tomarme algo en la terraza de uno de los bares que hay cerca mientras esperaba el próximo tren. Mientras me tomaba mi buenísimo te de vainilla bien calentito han empezado a caer algunas gotas. Sí, lo que faltaba. Me daba igual. De hecho, estaba deseando que lloviese de verdad para tomarme el te empapada. Cualquiera que me hubiese visto pensaría que estoy loca. Sería una loca contentísima, orgullosa y feliz.
Yendo para la estación, un chico me ha pedido fuego y yo a él un cigarro. Me iba a sentar muy bien uno después del angustioso rato que había pasado intentando sacar puntos de donde fuera para aprobar una asignatura que ya había repetido este año. No quería convertirme en la campeona de la universidad y acabar especializada en Powerpoint y Word, y conocer a todos los profesores de informática de la universidad e incluso hasta los que aún estaban por nacer. No, no quería.
Hemos estado charlando y viendo pasar algunos trenes desde arriba. Yo me alegraba de haber salido más tarde de lo previsto de la revisión del examen, de que fuera un día lluvioso y que consecuentemente el chico hubiera tenido que coger el tren y no la moto, de que no tuviera mechero, pero sí cigarrillos y de que el tren llegara tarde. Madre mía, era guapísimo. Parecía que lo hubieran enganchado expresamente en este día de mi vida junto a las nubes grises, la lluvia, la vainilla y el tren. Podría decir que casi no lo podía mirar a los ojos, pero mentiría. Eran unos ojos azules preciosos. ¡Cómo no iba a mirarlos! La tez morena, el olor a marihuana y el pelo rubio (no amarillo) que tanto me gusta. ¡Cómo no iba a mirarlos! Yo tenía que comprar el billete y él ha bajado al andén.
Mientras bajaba las escaleras iba alegrándome de haberme puesto lo primero que había pillado, de no haberme dado tiempo de ducharme ni de hacerme las cejas, y haber zampado un montón el día anterior porque igual no hubiera aparecido. No creo tampoco que yendo hecha un pincel me hubiera invitado a ir a una residencia de Barcelona con sus amigos. Hemos buscado un sitio donde hubiera dos asientos juntos libres. Él escuchaba música, dormía y miraba por la ventana, y yo leía y miraba cómo las gotas chocaban contra la ventana, caían y hacían caminos de agua. Disfrutaba y me divertía intentando que no me pillara observar detrás del libro la perfecta combinación que le hacían los labios rosados y carnosos con la tostada piel y el resto de sus facciones. Espero que no se diera cuenta que me costaba más tiempo del normal pasar de página. No podía evitar mirar embobada el pliegue de sus rodillas musculadas, los gemelos y los huesudos tobillos, tapados con unos calcetines cortos azules y unas zapatillas bonitas y sucias. Miraba cómo se humedecía los labios en el reflejo de la ventana y pensaba en cuál sería su nombre. Al levantarme le diría adiós y le preguntaría cómo se llamaba. No podía quedarme con esa duda. Tenía que tener un nombre.
Anuncian mi destino y me empiezo a poner muy nerviosa. El corazón me va deprisa. Le tengo que preguntar cómo se llama y al mismo tiempo no caerme encima de algún pasajero al levantarme, si puede ser. Me incorporo con un tímido temblor en las piernas y nos decimos adiós. Le he puesto Roger.
A pesar de que a las 9 de la mañana todo apuntara lo contrario, ha resultado ser una preciosa mañana gris en la que deseas bañarte. En la que te alegras de no haber cogido paraguas y de pasar por calles sin balcones.
¡ Cuidado, coge protección, está saliendo el sol!
domingo, 12 de junio de 2011
Hoy llueve demasiado
Estoy en la habitación. Todas las ventanas y persianas de la casa están cerradas. La cocina se ha encharcado. Cierro los ojos con un cigarro entre los dedos y escucho cómo las gotas chocan entre ellas y golpean con fuerza el techo y las paredes.
Al rato, empieza a dejar de llover y las gotas bailan creando una melodía que me relaja. Abro los ojos y un poco la persiana. Las paredes tienen manchas, las persianas están empapadas y también mi ropa. Las gotas parecen líneas intermitentes. Viene la calma y, con ella, la nostalgia.
miércoles, 25 de mayo de 2011
Sol, verde y azul
Como la ropa mojada dejamos los cuerpos al sol. Mirarle de tan cerca tan tranquilo. Lo dejaría ahí quieto.
El blanco de la piel, el rosado de los labios y el verde intenso de la hierba. El ruido de los coches de la carretera, los chillidos de los niños del campo de fútbol, las pisadas de la gente que pasea y su respiración.
Hace una mueca y el gesto que se le queda es de estar aún más relajado que antes.
Las campanadas a lo lejos me dicen que aquí también pasa el tiempo aunque me cueste creerlo.
El sol hace de somnífero, cierro los ojos.
lunes, 9 de mayo de 2011
Tranquilidad


Aguanto la manzana con la boca para coger un bolígrafo y escribir algo. Estoy tumbada en la cama más cómoda del piso. La habitación no muy grande tiene la puerta y las paredes blancas, muebles de madera, una máquina de coser y un hornillo donde mi abuelo hacía migas de pan. Algún recuerdo de Sanfermines y juegos y dibujos de mis primos decoran la mesita de noche.
He salido a pasear después de comer por el camino por el que lo hacía con mi abuela. Es muy agradable. La gente pasea a sus perros, sus bicicletas y sus kilos de más. Hay muchas zonas de césped, de sol y sombra, y de margaritas y otras flores. He cogido alguna para ponerla en la habitación.
Me he quedado dormida mientras leía y he cogido frío. Me siento en la silla que hay al lado de la ventana y miro el vaivén de las hojas de los árboles y los niños correteando mientras la luz que entra a través de los cristales me calienta la piel. Una niña lleva un globo azul cogido con la llema de los dedos. Se le escapa.
Mis primos estarán merendando. Mañana vamos a Donosti. Soy feliz.
jueves, 28 de abril de 2011
Abril
Las últimas gotas atormentadas de una tarde de abril, las que colman el vaso, las que caen sin quererlo y las que mojan por dentro. Los últimos pétalos de una flor, los del me quiere no me quiere, los que visitan las abejas y en los que posan todas las miradas. El aire que mueve las hojas, el que mueve personas, el que se lleva tu pelo, el que sube, el que atonta y el que te invade.
martes, 29 de marzo de 2011
Frágil
Fuera llueve a cántaros. Las cortinas se han caído y la poca luz que hay va a atravesar los dos cuerpos. Apartamos las zapatillas. El suelo está frío, pero nos da igual. Hay una gotera en el techo y la contemplamos aún con la respiración entrecortada. - Eres frágil hasta cuando ríes a carcajadas, hasta cuando te pones a chillar… No te rompas -.
Parecía que estuvieran bailando dentro de mi cuerpo un tango.
jueves, 10 de marzo de 2011
Un jueves tranquilo
La casa huele a vainilla, hace sol y tengo agua del río Weiser. El incienso va cayendo quemado en el libro de Haruki Murakami. Suena Delafé y las flores azules. Me gusta hablar con un compañero de clase. Bueno, escucharlo, que yo de hablar...no mucho. He vuelto a reír con ellos. Es jueves. Sí, ese día que llegué a querer y luego a odiar. Cómo se puede querer y odiar un día de la semana. Ahora es un día más o menos como cualquier otro, pero con un recuerdo bonito; con uno de los cuentos que forman la vida. Y ahora, una siestecita antes de ir a ensayar.
viernes, 4 de marzo de 2011
Una de mis miradas favoritas
Una de mis miradas favoritas está en Bremen. Ya me la imagino: inquieta, atenta, despierta, buscando por todos los rincones y descansando detrás de los párpados sólo para poder volver a mirar como si acabara de nacer. Espero que haga caso a mi petición y me traiga algún cielo, atardecer, plaza, parque, tejado... y alguna mirada de allí.
jueves, 27 de enero de 2011
Aquel buen lunes
Sabía que su jersey de rayas me iba a hacer tener un buen día, que el frío iba a ser un frío agradable, que el examen que me había hecho dormir tres horas la noche anterior iba a ser entretenido de hacer, que mis amigos iban a estar contentos y me iban a hacer reír y mucho, y que no me iba a permitir dejar pasar un lunes malo, que los días se acaban y los lunes por lo tanto también, y no vale pasarlos como dicen que hay que pasar los lunes. Sé que puedo dar asco con tanto optimismo. Quiero dar asco.
martes, 25 de enero de 2011
Todo va demasiado deprisa
A veces desearía convertirme en uno de los niños de la avalancha de inocencia que me atropella en las escaleras cuando salgo de dar las clases extraescolares. Dedicarme a hacer zancadillas, construir castillos con piezas de madera, recoger a regañadientes los juguetes, preguntar porqués con respuesta y que me metieran en un “grupo” que llevara por nombre el de un animal. Tener que decirle a mi madre que voy a la clase de los elefantes y no que el tiempo pasa demasiado deprisa y que, conforme pasa, todo se vuelve más complicado.
jueves, 20 de enero de 2011
Plorava
Tu no ho saps, però plorava quan hem parlat per telèfon. Plorava perquè no hi ha tranquil·litat últimament al meu cap i per que m’adono cada vegada més que les coses no són simples, sinó complexes i complicades. Plorava perquè intentaves fer-me riure perquè sabies que ho necessitava; plorava perquè ets tot cor; plorava perquè mai te he dit tantes vegades que t’estimo i perquè t’ho demostro poc; plorava perquè seria injust per a tu i per a mi que algun dia t’estimés menys; plorava perquè ets una preciositat i tinc la sort d’haver-te conegut i de compartir la meva vida amb tu. Ploro de lo bonic que ets. Per això ploro.
sábado, 15 de enero de 2011
Diego y su pisito
Me encanta reencontrarme con Diego y su pisito. Es bonito, no muy grande y acogedor. He ido dos veces. La primera vez que fui, después de que me analizara de arriba a bajo, de fuera a dentro, cogimos confianza enseguida. Se sentó a mi lado en el sofá y vimos un concierto de U2 tapados con una manta de cuadros y una cerveza. Acabó el concierto y el sol nos iba avisando de que se estaba haciendo de día, y allí seguíamos los dos, sentados uno al lado del otro, sin decir ni mu. Él a veces me miraba de reojo y a mí me gustaba que lo hiciera. Me giré para observarlo; observar su quietud, su tranquilidad, sus grandes ojos negros. La luz del sol inundaba ya el comedor y el color blanco se estaba apoderando de aquella mañana. Pensé que había llegado el momento, tenía muchas ganas. Ya habíamos cogido confianza, a mí me gustaba estar a su lado y a él creo que no le importaba estar conmigo. Así que nada, sin apartar mi mirada de sus ojos, me dispuse a acariciarle la espalda, estaba segura de que no me rechazaría. De repente, algo que no me hubiera imaginado nunca, ocurrió...
.... dio un salto, bajó del sofá y se puso a mirar por la ventana.
La segunda vez que visité su piso fue mucho mejor. Cuando llegué me estaba esperando al fondo del pasillo, se dejó acariciar y hasta durmió con nosotros a los pies de la cama. Creo que vamos a llevarnos bien.
lunes, 3 de enero de 2011
Viaje de vuelta
Rodeada en la cocina de todo tipo de turrones, polvorones, y mandarinas y medicinas aún, pienso en el viaje de vuelta en tren a Barcelona.
Las cuatro horas se me hicieron pesadísimas. Igual fue por el documental de aves o por la peli rayada que pusieron. O quizá fue por la mujer que no paraba de chillar su amor a la persona que estaba al otro lado del teléfono, o por la niña marimandona que no paraba de contar cosas, siempre hasta ocho: pasajeros, cartas... uuuno, dooos, treees, cuaaatro... aunque ésta aún me hizo reír un poco. Yo no quería contar, yo necesitaba cuentos, historias pequeñas. Y como no tenía ningún libro de cuentos ni tenía ganas de inventarme uno, decidí ponerme a pensar en algo concreto. Tomar una decisión. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede ser que te pases tooodo un trayecto pensando, sin nada que te estorbe demasiado y no sacar casi nada en claro o, sacarlo, y que al cabo de poco rato se vuelva a meter? (a parte de todas las horas que le has dedicado antes, claro).
Todavía estoy triste. Odio irme de Pamplona. Más que si me hicieran madrugar despertándome con Juanes durante un mes entero. Siempre que me voy de allí, y cada vez más, siento que tendría que quedarme. No por nada en concreto, creo. Son sensaciones.
Uno, dos, tres, cuatro.... un minuto y cincuenta segundos le cuesta a la pastilla efervescente deshacerse. Casi una canción de The xx. Casi lo que tardo yo en pensar en algo cuando intento mantener la mente en blanco.
Las noches en Pamplona son demasiado. ¡ Feliz año ¡ (por cierto)
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