jueves, 27 de enero de 2011

Aquel buen lunes

Sabía que su jersey de rayas me iba a hacer tener un buen día, que el frío iba a ser un frío agradable, que el examen que me había hecho dormir tres horas la noche anterior iba a ser entretenido de hacer, que mis amigos iban a estar contentos y me iban a hacer reír y mucho, y que no me iba a permitir dejar pasar un lunes malo, que los días se acaban y los lunes por lo tanto también, y no vale pasarlos como dicen que hay que pasar los lunes. Sé que puedo dar asco con tanto optimismo. Quiero dar asco.

martes, 25 de enero de 2011

Todo va demasiado deprisa

A veces desearía convertirme en uno de los niños de la avalancha de inocencia que me atropella en las escaleras cuando salgo de dar las clases extraescolares. Dedicarme a hacer zancadillas, construir castillos con piezas de madera, recoger a regañadientes los juguetes, preguntar porqués con respuesta y que me metieran en un “grupo” que llevara por nombre el de un animal. Tener que decirle a mi madre que voy a la clase de los elefantes y no que el tiempo pasa demasiado deprisa y que, conforme pasa, todo se vuelve más complicado.

jueves, 20 de enero de 2011

Plorava

Tu no ho saps, però plorava quan hem parlat per telèfon. Plorava perquè no hi ha tranquil·litat últimament al meu cap i per que m’adono cada vegada més que les coses no són simples, sinó complexes i complicades. Plorava perquè intentaves fer-me riure perquè sabies que ho necessitava; plorava perquè ets tot cor; plorava perquè mai te he dit tantes vegades que t’estimo i perquè t’ho demostro poc; plorava perquè seria injust per a tu i per a mi que algun dia t’estimés menys; plorava perquè ets una preciositat i tinc la sort d’haver-te conegut i de compartir la meva vida amb tu. Ploro de lo bonic que ets. Per això ploro.

sábado, 15 de enero de 2011

Diego y su pisito

Me encanta reencontrarme con Diego y su pisito. Es bonito, no muy grande y acogedor. He ido dos veces. La primera vez que fui, después de que me analizara de arriba a bajo, de fuera a dentro, cogimos confianza enseguida. Se sentó a mi lado en el sofá y vimos un concierto de U2 tapados con una manta de cuadros y una cerveza. Acabó el concierto y el sol nos iba avisando de que se estaba haciendo de día, y allí seguíamos los dos, sentados uno al lado del otro, sin decir ni mu. Él a veces me miraba de reojo y a mí me gustaba que lo hiciera. Me giré para observarlo;  observar su quietud, su tranquilidad, sus grandes ojos negros. La luz del sol inundaba ya el comedor  y el color blanco se estaba apoderando de aquella mañana. Pensé que había llegado el momento, tenía muchas ganas. Ya habíamos cogido confianza, a mí me gustaba estar a su lado y a él creo que no le importaba estar conmigo. Así que nada, sin apartar mi mirada de sus ojos, me dispuse a acariciarle la espalda, estaba segura de que no me rechazaría. De repente, algo que no me hubiera imaginado nunca, ocurrió...

.... dio un salto, bajó del sofá y se puso a mirar por la ventana.

La segunda vez que visité su piso fue mucho mejor. Cuando llegué me estaba esperando al fondo del pasillo, se dejó acariciar y hasta durmió con nosotros a los pies de la cama. Creo que vamos a llevarnos bien.

lunes, 3 de enero de 2011

Viaje de vuelta

Rodeada en la cocina de todo tipo de turrones, polvorones, y mandarinas y medicinas aún, pienso en el viaje de vuelta en tren a Barcelona.

Las cuatro horas se me hicieron pesadísimas. Igual fue por el documental de aves o por la peli rayada que pusieron. O quizá fue por la mujer que no paraba de chillar su amor a la persona que estaba al otro lado del teléfono, o por la niña marimandona que no paraba de contar cosas, siempre hasta ocho: pasajeros, cartas... uuuno, dooos, treees, cuaaatro... aunque ésta aún me hizo reír un poco. Yo no quería contar, yo necesitaba cuentos, historias pequeñas. Y como no tenía ningún libro de cuentos ni tenía ganas de inventarme uno, decidí ponerme a pensar en algo concreto. Tomar una decisión. ¿Cómo puede ser? ¿Cómo puede ser que te pases tooodo un trayecto pensando, sin nada que te estorbe demasiado y no sacar casi nada en claro o, sacarlo, y que al cabo de poco rato se vuelva a meter? (a parte de todas las horas que le has dedicado antes, claro).

Todavía estoy triste. Odio irme de Pamplona. Más que si me hicieran madrugar despertándome con Juanes durante un mes entero. Siempre que me voy de allí, y cada vez más, siento que tendría que quedarme. No por nada en concreto, creo. Son sensaciones.
Uno, dos, tres, cuatro.... un minuto y cincuenta segundos le cuesta a la pastilla efervescente deshacerse. Casi una canción de The xx. Casi lo que tardo yo en pensar en algo cuando intento mantener la mente en blanco.  

Las noches en Pamplona son demasiado. ¡ Feliz año ¡ (por cierto)