Fuera llueve a cántaros. Las cortinas se han caído y la poca luz que hay va a atravesar los dos cuerpos. Apartamos las zapatillas. El suelo está frío, pero nos da igual. Hay una gotera en el techo y la contemplamos aún con la respiración entrecortada. - Eres frágil hasta cuando ríes a carcajadas, hasta cuando te pones a chillar… No te rompas -.
Parecía que estuvieran bailando dentro de mi cuerpo un tango.





