Como la ropa mojada dejamos los cuerpos al sol. Mirarle de tan cerca tan tranquilo. Lo dejaría ahí quieto.
El blanco de la piel, el rosado de los labios y el verde intenso de la hierba. El ruido de los coches de la carretera, los chillidos de los niños del campo de fútbol, las pisadas de la gente que pasea y su respiración.
Hace una mueca y el gesto que se le queda es de estar aún más relajado que antes.
Las campanadas a lo lejos me dicen que aquí también pasa el tiempo aunque me cueste creerlo.
El sol hace de somnífero, cierro los ojos.







