lunes, 9 de mayo de 2011

Tranquilidad

















Aguanto la manzana con la boca para coger un bolígrafo y escribir algo. Estoy tumbada en la cama más cómoda del piso. La habitación no muy grande tiene la puerta y las paredes blancas, muebles de madera, una máquina de coser y un hornillo donde mi abuelo hacía migas de pan. Algún recuerdo de Sanfermines y juegos y dibujos de mis primos decoran la mesita de noche.
He salido a pasear después de comer por el camino por el que lo hacía con mi abuela. Es muy agradable. La gente pasea a sus perros, sus bicicletas y sus kilos de más. Hay muchas zonas de césped, de sol y sombra, y de margaritas y otras flores. He cogido alguna para ponerla en la habitación.

Me he quedado dormida mientras leía y he cogido frío. Me siento en la silla que hay al lado de la ventana y miro el vaivén de las hojas de los árboles y los niños correteando mientras la luz que entra a través de los cristales me calienta la piel. Una niña lleva un globo azul cogido con la llema de los dedos. Se le escapa.

Mis primos estarán merendando. Mañana vamos a Donosti. Soy feliz.

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