lunes, 22 de noviembre de 2010

Los pintores

- Me das miedo…- dijo ella después de morderse el labio inferior con tranquilidad. Y entonces él empezó a temblar por dentro, dejó la brocha de pintura azul con la que estaba pintando las paredes para coger un pincel y mojarlo en otro color y, clavando la mirada en los ojos de ella, se acercó con cuidado a su cuerpo semidesnudo. Dibujó algo en su espalda y luego pasó el pincel por la zona del corazón, con la esperanza de que la piel se volviera translúcida para poder ver qué había después de ésta. La pena es que no existen colores que puedan hacer cosas así, y no pudieron más que acabar de decorar la habitación con sus siluetas. Sin sombras, ni ruido…

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