El tiempo está loco de tanto pasar, de tanto cambiar y de tanto huir. Hay moscas en noviembre, yo voy en tirantes por las mañanas. Está cansado de tanto ver pasar y pasar corriendo a los que vienen y a los que vendrán. Y yo soy menos que una gota de agua.
¿A dónde estoy volviendo? Anclada en un puerto de irrealidades; de comisuras que nunca me han mirado a mí. El placer de verte mirar y que el corazón empiece a saltar dentro del pecho. Sonreír por inercia. Me dijo mi madre que los amores platónicos duran para siempre. Y siempre es siempre. Pero eso no puede ser, hay cosas que no deberían de proseguir, aunque perdieran por ello el encanto. ¡Que le den al encanto!

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