
Estaba a punto de empezar la primavera. El viento agitaba su melena con fuerza y le descolocaba el foulard. Empezaban también los diluvios nocturnos y las primeras flores sobrevivían al temporal y parecían estalactitas. Esas inesperadas lluvias nocturnas atacaban a su subconsciente y sus pensamientos vagabundeaban por parajes oscuros, así que cogía el ron. Bebía hasta que la tristeza hacía la voltereta en el jardín.
Cada vez me gusta más como escribes!
ResponderEliminarJoder Lorena, qué ilusión!!
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